Los Māhū de Las Islas de Tahití

Cuando Paul Gauguin desembarcó en Tahití en 1891, llevaba el pelo largo, un pareo tradicional y flores frescas en la oreja. Para la conservadora sociedad parisina de la época, aquello habría sido una excentricidad; para los nativos de la isla, sin embargo, el pintor francés era simplemente un māhū.

Por: ALW Redacción | Fotografías: Cortesía Tahití Tourisme | Junio 22, 2025

Lejos de molestarse por la confusión, a Gauguin le fascinó tanto este «tercer sexo» que lo convirtió en el motor creativo de varias de sus obras más icónicas, como El mago de Hiva Oa (1902). A más de un siglo de distancia, la figura de los māhū vuelve a ser tendencia en las conversaciones de cultura y los espacios LGBTQ+, como el recordatorio de una sabiduría ancestral que Occidente apenas está intentando entender.

En Tahití, ser māhū (personas nacidas como hombres que adoptan un rol femenino) se vive como una parte orgánica del tejido social. De hecho, los primeros registros occidentales de 1789, escritos en las bitácoras del Capitán William Bligh a bordo del famoso Bounty, ya describían con asombro el enorme respeto que la comunidad les profesaba.

Históricamente, cuando un niño manifestaba una sensibilidad y gracia particulares, la familia lo criaba de forma natural junto a las niñas, lejos de las presiones de la caza o la guerra. Al crecer, los māhū se convertían en pilares fundamentales para el bienestar de la comunidad debido a su empatía, siendo valorados como los mejores cuidadores de niños y ancianos, además de funcionar como un puente con lo sagrado al encarnar a las diosas en los bailes rituales del hula dentro de los templos, un espacio que estaba estrictamente prohibido para las mujeres biológicas.

Asimismo, asumían el rol de guardianes de la memoria colectiva, una responsabilidad de gran prestigio dentro de su sociedad. A los māhū se les confiaba la preservación de las complejas genealogías de las familias nobles y la importante tarea de elegir los nombres de los recién nacidos, consolidando así su lugar indispensable en la estructura social y espiritual de su cultura.

Māhū

Hoy en día, esta tradición sigue tan viva que cerca del 12% de los estudiantes en las escuelas de Tahití se identifican como māhū. Muchos de ellos crecen, se casan, tienen hijos y equilibran su vida con total normalidad.

Eso sí, para entender la diversidad en la Polinesia Francesa, hay que hacer una distinción importante. Mientras que los māhū forman parte de esta fluidez histórica y cultural, la globalización trajo consigo el término rae rae. A diferencia de los māhū, las rae rae se alinean más con el concepto occidental de la transición médica y estética transgénero y, desafortunadamente, suelen enfrentarse a realidades urbanas y de exclusión mucho más complejas. Es el choque entre una tradición que venera lo femenino y los retos de la modernidad.

Hoy, cualquier viajero que aterrice en Las Islas de Tahití se dará cuenta de que esta magia no se quedó atrapada en los cuadros de los museos, sino que sigue intacta en el día a día. De hecho, es de lo más común verlos en el sector de la hotelería de lujo o liderando la escena artística local con su calidez característica.

Pero ellos son solo la puerta de entrada a un destino fascinante, recorrer este paraíso de la Polinesia Francesa es conectar con una naturaleza imponente y sagrada, descubrir las historias ancestrales grabadas en la piel a través de sus icónicos tatuajes y vibrar con la fuerza espiritual de sus danzas tradicionales. Las Islas de Tahití no es una simple anécdota histórica; es un viaje vivo que despierta las ganas de armar las maletas y experimentar el verdadero significado de la libertad en carne propia.

Pag Web
www.tahititourisme.mx

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