Heladería con sabor a Murcia

La cerámica y las formas curvas definen el carácter de esta heladería, diseñada por el interiorista Juancho González, en Lorca, España.
Por: ALW Redacción | Fotografías: Adam García Photo | Junio 24, 2026
En su estado original, el local, de 90 metros cuadrados aproximados en total, presentaba dos espacios independientes pero la intervención los ha integrado en un único recorrido, amplio y luminoso, por donde fluye la luz natural que entra desde la calle.
“Nuestro objetivo era crear un espacio que fuera muy refrescante, que desde la calle llamara a pedirse un helado, sobre todo en los días más calurosos que nos ofrece nuestro amado clima mediterráneo.”
Juancho González
Para conseguirlo, las baldosas de cerámica verticales que revisten paredes y un gran banco de formas sinuosas también alicatado han sido dos grandes aliados.

En la heladería se respira mucho movimiento, un ambiente vivo y a la vez relajado, en el que juegan un papel protagonista los volúmenes curvos, revestidos de azulejos verticales, que funcionan como mostradores de helados y como barra de cafetería.
La ausencia de ángulos rectos en los elementos principales genera una circulación libre, sin barreras visuales ni físicas, de modo que el cliente se orienta con naturalidad.
El color como herramienta de zonificación
La cerámica, en tres colores distintos, azul, gris topo y negro brillante, se convierte en el perfecto elemento diferenciador de espacios, sin necesidad de paramentos o artificios.
Al entrar, la cerámica en gris topo brillante envuelve arriba y abajo los volúmenes del mostrador de helados. Una columna de suelo a techo, revestida en tiras verticales de espejo oscuro, remata esta área y contribuye a generar mayor sensación de armonía matérica y luminosidad.

El tono azul océano, en el mismo formato de pieza cerámica, recubre un banco corrido de formas sinuosas que conforma una L junto al gran ventanal que da a la calle. En la pared blanca, tres paneles verticales verdes introducen un contrapunto cromático que refresca el conjunto sin romper la coherencia.
Para el segundo mostrador circular, que acoge la zona de cafetería, se han utilizado azulejos verticales en negro brillante. La pared de estuco de acabado irregular, que recorre la zona de sala en contraste con el brillo de la cerámica, añade una tercera textura que amplía perceptualmente el espacio y suaviza la transición entre áreas.

Formas y luminaria como extensión del mismo gesto
El techo, de geometría orgánica y líneas fluidas, se aleja de la retícula convencional. Su perímetro ondulado incorpora iluminación indirecta oculta, generando un efecto de plano flotante que aporta continuidad visual y una atmósfera suave y contemporánea.
La iluminación lineal integrada describe trayectorias curvas que replican y amplifican la geometría de los volúmenes inferiores, creando una continuidad entre suelo y techo que unifica la lectura del espacio. La iluminación rasante en la base de los mostradores refuerza la sensación de ligereza de los volúmenes, como si flotaran sobre el pavimento de gran formato en tono arena.

El mobiliario de sala, taburetes de silueta orgánica y mesas auxiliares en blanco impoluto, prolonga el vocabulario formal del proyecto: materiales con cuerpo, formas sin aristas, escala doméstica que invita a la pausa.
Un espacio que se lee antes de entrar
Desde el exterior, el escaparate de gran formato permite leer la organización interior: los cilindros cerámicos, los arcos de luz, la vegetación colocada con criterio en los puntos de descanso.
“En un local de estas características, donde la experiencia de compra dura pocos minutos, la arquitectura interior debe comunicar con un sólo golpe de vista.”
Juancho González
El resultado es un espacio comercial que combina precisión técnica y calidez material.





